jueves, 29 de octubre de 2020

 CUENTOS DE CONVERSAS DE WHATSAPP PRESENTA:


REACCIONES A UN CUENTO DE INVIERNO I

 

cuento de invierno.pdf… →, ticket ticket

-Por aquí un cuento tonto que acabo de escribir, quizás muy en jerga chilensis… encendedor vendría siendo mechero 10:48

 

Esperanza respondió:

 

-Me gusto mucho el cuento Pablo. Hay días que las únicas conversaciones que mantenemos son así 11:01

-Este es el enlace drive en el que estoy subiendo ilustraciones. Es para un curso sobre videojuegos que está montando Roberto Granada y otros, y como no pueden usar fotos originales de los juegos que mencionan por los derechos de autor, me han contestado para que haga los dibujillos 11.03

 



 

-Caritassonrientesx3 estáis majísimos 11:05 

 

Con respecto a enlace drive que me comparte le respondo:

 

-wow, que bacán proyecto!! yo he estado como loco jugándome el mario galaxy estos días jajajaja 11:05

 

Esperanza se rie:

 

-jajajaj 11:05

-A mí se me dan fatal. Nunca he jugado mucho a videojuegos. Me leía las descripciones de las imágenes y no tenía ni puñetera idea de lo que me estaban pidiendo 11:06

 

Yo me rio:

 

-jjajajajaja 11:06

 

Me dibujao más pistolas y robots y zombis que en mi puta vida” (me responde Esperanza, 2020: 11.06 AM HORA CHILE, me imagine su encantador acento andalú mientras leía su respuesta)

 

[11:07, 25/8/2020] Chumbe: te recomiendo ese mario....es una obra de arte, tiene una curva de dificultad para que cualquiera lo goce

[11:07, 25/8/2020] Chumbe: y es muy inspirador

Esperanza: Pero se juega en el ordenador? Porque no tengo consola 11:07

Yo: pa mi, Shigeru Miyamoto esta a la altura de un Michelangelo, artista renacentista o tortuga ninja, me valen los dos 11:08

Esperanza ríe:

-jajajaja 11:08

Respondo tardíamente a su pregunta:

-creo que se puede pillar emulador de wii 11:08

-yo lo juego en la consola 11:08


 


FIN

 

Valparaíso, 12:44 a.m. del 25 de agosto de 2020

(como si importara la fecha, siempre es igual)


 CUENTOS DE CONVERSAS DE WHATSAPP PRESENTA:


CUENTO DE INVIERNO

-Weon, me quede sin niun encendedor. Primer mensaje de wasap al ivano, a eso de las 9:30 a.m. de una garugada mañana del martes 25 de agosto de 2020 (que es un poco igual que decir el 15, 13, 29 o 40 de casi cualquier mes de este día de la marmota-bucle ad eternum que esta siendo el 2020)

 

-porfavor regalame una caja para compensar los robos 9:30

 

-de antemano gracias 9:30

 

Ivano responde:

 

-ajjajaja 9:42

-voy a revisar amigito 9:42

 

sigo yo con el pinpón:

 

-traeme encendedores mejor sera mono ql

 

y el me respondió:

 

[9:49, 25/8/2020] Ivano: ajjajajaja

[9:49, 25/8/2020] Ivano: jajajajaa

[9:49, 25/8/2020] Ivano: jajajajaaaj

[9:49, 25/8/2020] Ivano: ajaajjaaj

[9:49, 25/8/2020] Ivano: ay mas cosas

[9:49, 25/8/2020] Ivano: robamos

 

-que mas robaron? 9:49 ticket ticket

-pequeñas ratas delincuentes 9:49 nike nike

-coronaron los ctm 9:49 ✔✔

 

 [9:50, 25/8/2020] Ivano: jajaja

 

 [9:51, 25/8/2020] Chumbe: sapos qls

 

FIN

Valparaíso, 10:28 a.m. del 25 de agosto de 2020

(como si importara la fecha, siempre es igual)





                                                                                                                               cuento de primavera
     
     la alergia ya viene
       la alergia ya vino
         la alergia se quedo y puta que webea con los vientos porteños en la recta final de año.             
           la alegría le dijo a los chilenos que ya venia 
              la alegría no llego
                la alegría, pilla ella, nunca dijo cuando vendría, solo dijo que vendría...
                   ¿habrá que hacer algo para que venga? 
                    ¿si actuamos igual que siempre en la historia, será que esta vez si que vendrá?
                        me late que no.
                        
                       los chilenos se quedaron esperando muy tranquilos a que la alegría les llegará, 
                    como si de un obsequio del destino se tratara.
                  Después, más que moverse para que llegará, los chilenos se movieron para sacarse la rabia,
                la rabia y la alergia que se les acumuló esperando y esperando.
             En su víspera, la alegría se agría y se muda en rabia
           me late que la R de revolución es más R de rabia
         en primavera, en la alegría, la r cambia de lugar:
       la alegría pasa a ser alergia pero no de alegría, sino más bien de rabia
     es picazón de nariz, estornudos, ojos irritados y llorosos
         
     la primavera no es mía, no es mi prima vera
         no tengo ninguna prima que se llame vera
            primavera, divorciada la prima de la vera y en italiano sería algo así como "antes de la verdad"
              ¿son acaso esta nariz picoza, estos mocos, estos ojos irritados, lo que ocurre "antes de la verdad"?
                 ¿será que la verdad es el verano, será que la verdad es la alegría no alérgica?
                   en la primavera del 2019 al 2020 cambiamos lacris y perdigones por corona y mascarillas 
                      ocupación de las anchas alamedas por reclusión en minúsculas y hacinadas viviendas
                         tuertos del estallido social por ciegos de la vía institucional
                           diquindeayrimeindeseim...                              

 

                                                              ALONSO QUIJANO   


No sé si será ya el efecto del encierro prolongado, como parte de esta locura colectiva que comenzamos a experimentar paradójicamente de modo intimo e individual, pero la fe a ratos parece flaquear y la vida exterior y la vida anterior parecen ya no ser o haber sido más que ficciones, a las que la falta de la presencia física y del ejercicio de los sentidos del tacto y olfato va transformando, o más dramáticamente, dejando al desnudo, como hologramas o proyecciones. ¿Es el advenimiento de esta peste la auténtica pesadilla? ¿O es que acaso siempre estuvimos confinados, y todo aquello que designamos como realidad previa fue únicamente un ensayo de evasión, con fugaces estruendos de clímax parecidos a la felicidad causada por una droga sintetizada que de golpe se agotó e inevitablemente acabó por perder de súbito sus efectos narcóticos trayéndome de golpe de regreso a la realidad del confinamiento de la gran pandemia, siendo la auténtica pesadilla el agotamiento del placebo? ¿O será en cambio, tal vez, que esto no es más que el gran ensayo general que precede a la auténtica guerra bactereológica para controlar el tamaño de la población mundial?  

La sospecha escéptica como rasgo característico de nuestras subjetividades, y que la ciencia ficción fue anticipando y propiciando desde ya hace una o dos centurias, se ha robustecido a tal punto que ciertos miedos previstos como productos de la imaginación se han transformado en el oscuro reflejo de aquel opaco espejo que es la creación. El declive se veía venir, la crisis cultural era severa: la incapacidad de crear, el culto hegemónico del refrito, y la oda a la viralización de un hedonismo vaciado de sustancia, interrumpida por breves disrupciones de esperanza que me parecen hoy ser no más que aquella calma que precede a la tempestad. Todas aquellas manifestaciones allanaron el triunfo de la negatividad y la abulia de la imaginación. Correlativamente, la eterna tentación por la búsqueda de la verdad boicoteo a la imaginación y sus posibilidades creadoras.

El miedo ya lo ha inundado todo, y la imaginación aprisionada solo parece posibilitar escenarios cargados de opacidad. Tal vez lo que paso es que lo que quedaba en mi de humano, lo que en mi quedaba de voluntad creadora, en un último intento te inventó para suavizar el apocalipsis. ¿Seré acaso un desbordado pescador de ilusiones que te invento como a un Tyler Durden y en realidad todo esto no es sino el enorme bucle de un Alonso Quijano que se prefiere tumbador de gigantes antes que un pobre viejo moribundo? Lo que en realidad es una verdad, una verdad lastimosa, es que en este mundo en el que la buena fe se fue al carajo, y en el que los escepticismos propios de la aséptica moral de la objetividad y el positivismo han conformado las tinieblas más espesas, es el eclipse de las posibilidades de la ficción e imaginación quijotesca, aquella que es redentora y en la cual sería posible cobijarse. La opción del buen relato quedo proscrita el día que la autenticidad se secularizo, el día que la magia no fue más que ilusión y en definitiva, el día en que la ilusión acabo convertida en el fruto del iluso, un iluso denostado y jamás celebrado. Allí la imaginación supo que tenía sus días contados.

miércoles, 1 de mayo de 2019

¿Qué le estamos enseñando a nuestros estudiantes de Derecho? Unas reflexiones a partir de la serie Cobra Kai. (columna para diarioconstitucional.cl)




Parecerá una tontería y de poca seriedad comenzar una columna como esta, para un prestigioso medio como lo es el Diario Constitucional, citando a una serie de internet en apariencia tan irrelevante y lejana al derecho como lo es Cobra Kai. Para quien no este familiarizado con ella, se trata de una serie que, desafortunadamente, se encuentra fuera de los dominios de Netflix, en el residual sistema de streaming de pago de YouTube Premium, y que nos cuenta las andanzas contemporáneas de los personajes de aquel icónico clásico de los años ochenta que fue “Karate Kid”.
Vista con mayor detalle, esta serie, más allá de la nostalgia y la cultura del revival ochenteroentraña interesantes conflictos tales como la perpetuación de estereotipos y ordenes y la dialéctica que emerge tras determinados ejercicios de reflexividad respecto a esos modelos perpetuados, que por esa condición, constituyen no más que irreflexivos y automatizados modos de actuar. De hecho, y creo, sin hacer spoiler,  el morbo de la serie se encuentra en la clásica rivalidad entre Daniel Larusso y Johnny Lawrence,  que adquiere sus mejores pasajes en aquellos episodios de extrañamiento y autoconocimiento en los que ambos personajes logran desembarazarse del peso atávico del pasado para transformarse en aquello que mi maestro, el filósofo español Carlos Thiebaut Luis-André, denomina “sujetos poscreyentes reflexivos”: sujetos que se relacionan reflexivamente con sus creencias, no abdicando tanto de sus contenidos sino que acentuando que aquellos contenidos son el resultado de un proceso de aprendizaje que subyace  y determina su validez y que depende de procesos de interacción en los que es determinante la adopción del lugar del otro, con lo cual los poscreyentes son conscientes del falibilismo de sus creencias de hecho sostenidas, siendo  aquello lo que les permite comprender en qué maneras podrían modificarlas...

Puedes seguir leyendo el resto en:


http://www.diarioconstitucional.cl/articulos/que-le-estamos-ensenando-a-nuestros-estudiantes-de-derecho-unas-reflexiones-a-partir-de-la-serie-cobra-kai?fbclid=IwAR3kkKMs1VGBmP0BKgDxO41zlxl-C4KcWvVvXW_PJyaU-gosG_bEKvlqZRo

martes, 4 de septiembre de 2018

Cuero de chancho


Otro relato que paso sin pena ni gloria, creo que para un concurso de relatos mineros en Asturias, pero que para mi resulta muy emotivo porque habla de mi padre y del amor, respeto y admiración que le profeso.

Vida de minero, vida de dinero, dicen en Chile los sureños que desconocen el peligro de este oficio. Todos los años migran cientos (quizás hasta miles) de personas hacia la región de Antofagasta movidas no por la fiebre del oro, sino que por la del cobre, litio y quizás que otro mineral requerido para confección de chucherías electrónicas que China manufactura. La mayoría de los aventureros regresan por donde mismo llegaron, tras no haber conseguido el sueldo soñado sino que uno de miseria; sin los turnos de 10x10 (10 días de trabajo en el campamento minero y 10 días de descanso) que les permitieran regresar al lejano hogar para descansar junto a los seres queridos. Encima, los 10 o más días de faena (a los que no le siguen más que unos 5 días de descanso que no acaban por compensar el sueldo) se trabaja en condiciones de explotación, en jornadas laborales no menores a 12 horas (de las 8 a.m. a las 20 p.m. o viceversa, dependiendo si la modalidad del turno es de día o de noche), con un descanso en el campamento minero marcado por la carestía propia de los minerales de mediana o pequeña escala, cuyos dueños no son más que ricos indolentes. La crudeza de este día a día es la que nos permite entender la tragedia que anticipó el milagro de los 33 mineros, convertido en espectáculo mundial de heroísmo y sobrevivencia, sin pudor alguno por parte de las autoridades políticas quienes, en lugar de hacer autocrítica y tomar medidas conducentes a tomar la parte de la responsabilidad que les corresponde en este, consienten más bien  mantener las condiciones de explotación ejercida por los dueños de los minerales, eso sí, con un relato digno de Hollywood y derroche de emotividad distractora.
En definitiva, hay que tener negro el cuero de chancho para soportar las elevadas exigencias físicas y emocionales que la faena depara. Negro el cuero, por la herencia del los antepasados que tostaron su piel a punta de sacar el caliche de lo profundo de las rocas, a pleno sol del Desierto de Atacama. Y Cuero de Chancho, porque hay que tener la piel gruesa, resistente, casi impenetrable. Hacen falta, además, nervios de acero y el temple sereno, cuestiones ambas que la crudeza y soledad del desierto se encargan de modelar. Sólo así se puede resistir pagando el noviciado que son esos primeros años de trabajo brutal, sueldo miserable y virtual inexistencia de descansos para ver crecer a tus hijos y compartir con tu señora. Y esa es la parte fácil… A la gente del desierto le toca sufrir mucho más que eso: a más de alguno se le ha muerto un hermano triturado por una correa transportadora de cobre; a más de alguno se le suicidó algún colega agobiado por su existencia jodida del minero, que le condenó a sumergirse en el espejismo de las putas y alcohol ante la imposibilidad de cultivar lazos sinceros de amor que actúen como redención; y más de alguno se encontró llegando a la pega con la espeluznante noticia de la muerte cruel de su antecesor en el turno, que por destrabar manualmente la máquina despegadora de cátodos –desobedeciendo las medidas de seguridad y apremiado por la política empresarial de producir a toda costa sin parar– acabo aplastado del abdomen hacia abajo, agonizando mientras arrastraba los restos de su cuerpo maltrecho para alcanzar su teléfono y alcanzar a despedirse de su familia. Uno de esos más de alguno” fue mi taita, a quién le tocó presenciar toditas esas tragedias. Cada vez que escucho Illapu y su Candombe para José me figuro que escribieron esa canción pensando en mi viejo. No tienes ninguna pena al parecer, pero las penas te sobran negro José, dice la canción y me figuro yo a mi viejo con su mar adentro viviendo con parsimonia y cultivando canas desde joven, con su piel morena llena de surcos y sus ojos de negra profundidad que, condensando un mundo de experiencias de amor y de dolor, brillosos siempre están, casi al borde de un llanto explosivo. Aunque nunca, pero nunca, lágrima alguna le ví derramar.

martes, 10 de noviembre de 2015

5 relatos fracasados para Valparaíso en 100 palabras




Pasarela Bellavista

         Pasar por Bellavista, junto a la aparentemente inútil pasarela de Errázuriz me hace pensar en el respeto arquitectónico con la bohemia identidad porteña. Inútil en su uso principal por poco práctica sigue de todas maneras proveyendo de invaluables servicios comunitarios como servir de escondite a los volaitos para fumarse un pito, proveer de oportunidades laborales a los lanzas que pueden carterear fácilmente a algún incauto borrachín, o incluso transformarse en improvisado cuarto de motel para alguna pareja de calientes sin plata. Lástima que los desubicados no entiendan que pa esas cosas es que está y no pa usarla de meadero.




Aquí esta la papa

         ¿Qué tienen que ver las papas fritas con la lactancia? Nada, salvo para la astucia del ideólogo que les amalgamo secreta y casi desapercibidamente en el mítico cartel del negocio de “aquí esta la papa” de la subida ecuador. Mirado con detención se observa en el cartel una mano apuntando a un cambucho de papas fritas y a su lado, casi desapercibida, la silueta de un pezón con una boca cercándole. Más agudamente se verá que “aquí esta la papa” es en realidad aquí esta “la papa”. Aunque el cartel no lo menciona, la mayo con ajo es lo mejor.


La máquina del tiempo

          Es cierto, yo lo ví: el teatro municipal de valpo rejuvenece a los tatitas. Con olor a naftalina y bien terneados, los tatitas porteños que fueron a ver a Lucho Barrios el 2008 y a Buddy Richard este 2015 salieron del teatro desgarbados con las camisas afuera y el pulso acelerado, lo mismo que las viejitas que salieron sin los churrines que lanzaron al escenario en ofrenda a sus ídolos. Siguieron de farra en el Molinón Rojo y acabaron bailando en el Máscara. En el K-Nibal se bajonearon sendos papapletos. Al otro día, sentados en sus mecedoras, las sonrisas persistían.


Jorge Farías

Una vez terminamos carreteando con Jorge Farias en el rincón de las guitarras. Borracho y con los lentes de sol siempre puestos, nos pedía una y otra vez a nosotros, pobres estudiantes universitarios que pensábamos que el ídolo andaba pato, que lo invitáramos. Al despuntar el alba Jorgito se retiro mostrándonos un fajo de billetes que se había ganado en su periplo bohemio de boleros nocturno.
A su estatua en la Echaurren le falta un brazo. Se lo cortaron no se si para que dejara de empinar el codo o para robarle el fajo de billetes escondidos bajo la manga.


HASTA SIEMPRE

        Con un “hasta siempre” se despide a lo que inevitablemente de deja pero no se quisiera dejar. A diferencia del “hasta nunca”, con que se despide a lo que no se desea que retorne, el “hasta siempre” es la batalla pérdida que de todas maneras la memoria libra intentando ganar al olvido con la promesa de que en el recuerdo la vida resucita. Nunca dije “hasta siempre” salvo el día que dejé Valparaíso. En la distancia, sin saber si volvería a la fraternidad comunitaria de sus cerros y a su contestatario oasis de desorden, Valparaíso imborrable en la memoria, vivía.   

viernes, 21 de marzo de 2014

ME GUSTA EL VINO, PORQUE EL VINO ES BUENO





*Este relato alguna vez lo envie a un concurso auspiciado por la denominación de origen de vinos de la mancha para el que, precisamente, algún aspecto de su contenido tenía que aludir a esta clase de vino, lo cual explica las forzadas alusiones a este tipo de vino, en un relato en el que este licor no es más que el pretexto para contar una pequeña anécdota que tuve la suerte de vivir y de la que lamento mi capacidad narrativa para no poder evocar cuan mágico fue aquel instante. Demás esta decir que nunca tuve noticias del concurso pues de seguro hubo mucho mejores relatos dignos de ser premiados, aunque tengo mis dudas de que sea cuales fueran los hechos que narracen, dificilmente podrían superar en emoción la especificidad del instante vivido, al cual, por cierto, esta narración no le hace justicia.
Me gusta el vino porque el vino es bueno, dice la canción de Tito Fernández “el Temucano”. Se preguntará Ud., con justa razón, Señor lector no chileno, quién carajos es este Tito Fernández, que no le suena para nada y mucho menos su aparatoso pseudónimo. Habría que decir que este inicio del relato con total seguridad pierde su chispa si el lector, al igual que quien escribe, es chileno, pues allí si que no le sonaría extraño aquel nombre y apodo. Misma perdida de chispa ocurriría en el caso de un no chileno que, probablemente a propósito de la amistad con algún chileno con nostalgias de su país, lo hubiese bombardeado a canciones del temucano. El caso es que yo te puedo contar, mi estimado lector no chileno, que Tito Fernández es un cantautor chileno oriundo de Temuco (de allí lo de “el Temucano” que es el gentilicio de aquella sureña ciudad), bien dado al rescate de las raíces folclóricas de mi país y que podríamos calificar en términos campechanos, más allá de sus dotes de folclorista, como un roto chileno bueno para el pipeño.
Tan borrachito nos salio don Tito que no pudo más que expresar su sincero amor al vino a través de «Me gusta el vino», esa canción que es una verdadera oda al dulce fruto de la vid. Este tema es con toda probabilidad una de las canciones que más suenan de su abultado repertorio, junto a otras como «La casa nueva» o mi favorita, «La madre del cordero». En cada cual se cuentan historias distintas, cuyo sustrato común (si es que lo hay) consiste en la alegoría de la vida popular chilena en la esfera privada. La vida de los que quienes, con aprecio, se reconocen como “rotos chilenos”: personas sencillas de vidas a veces un tanto duras, pero que acostumbrados a saber que lo bueno siempre cuesta, le ponen ñeque[1] a la vida, sin agachar el moño. Pese a la duro de estas existencias, los rotos saben hacer prevalecer la alegría en sus vidas, de manera que gran parte de ese sustrato popular común lo pueblan recuerdos gratos: de festividad familiar ante la inauguración de una casa nueva, que, aunque no es más que una barraca comparada con otras que si se llaman casas, no deja de ser por ello el hogar de reunión familiar; o bien, recuerdos del jolgorio en la casa patronal que parece chingana, aprestándose a recibir de vuelta a la niña Rosa, el amor imposible del peón Venancio e hija de Don Guille, el patrón del fundo. 
Tanto en las penas como en las alegrías narradas por don Tito, siempre está presente el vino, sea en chuico, damajuana, botella, tasa, vaso o copa. Tinto de preferencia, desahogando (o ahogando) las penas y desatando la alegría en los efímeros pero a la vez eternos momentos de felicidad. Demás esta decir que, cuando más intensos son estas penas y alegrías, mayor suele ser la ingesta del brebaje del viñedo. Por eso es que  don Tito nos advierte:  “Vaya un consejo en serio ahora pa’l que quiera: hay que medirse pa’ tomar sin propasarse pu’ eñor. Yo por ejemplo de la guata hasta la pera hago seis litros y cuarto, sin envase”[2].
Más allá de las bromas asociadas a la remembranza del entrañable cancionero de don Tito, no quiero perder de vista que este cuento lo escribo con el paladar aromatizado por la calidez de los taninos del buen vino con denominación de origen en La Mancha, el viñedo de Europa, con mi mente y mis manos dispuestas a elevar su exquisita compañía hasta el mismísimo Olimpo. Por eso es que, desde aquí, viene el giro de estas divagaciones que entrelazarán al temucano, a Chile, al vino tinto manchego, a España y a mi sorpresivo invitado estrella proveniente del Ecuador.
Estábamos, como todos los años, celebrando las fiestas patrias chilenas en nuestro pequeño refugio chileno familiar de Madrid, que aun alejado de mi denominación de origen, persigue en esos días evocar todo de cuanto disfrutamos en Chile por esas fechas, de manera que no falto el buen pebre[3] cuchareado y las empanadas chirriando calentitas recién salidas del horno.
Acostumbro para estas celebraciones invitar amigos de la nacionalidad que sean para así gozar de la buena mesa y de la amistad, que mucho más que  la “independencia”, son las cosas que evocan en mi los dieciochos de Septiembre. Acudió a la invitación de aquella ocasión Poncho, un buen amigo del Ecuador. Con las empanadas y el pebre chileno servido en la mesa nos dispusimos ya a merendar. Para catalizar la alegría de la velada, que mejor que el vino. A falta del vino chileno, tan difícil y caro de pillar, bien nos apaño un buen tinto de La Mancha. La fiesta la completaban otros tantos amigos y el sentimental acompañamiento del sonido de algunos discos de vinilos de todos los estilos que desde hace unos años llevo coleccionado por doquiera que voy. Ese día, como era de esperar, la hegemonía la tuvo la música chilena. Así, la aguja del tocadiscos se deslizo por los surcos de Buddy Richard en directo desde el Astor, por la líneas alegres de las cumbias chilombianas de Chico Trujillo y por las de sus antepasados musicales, La Orquesta Huambaly y su cantante Humberto Lozán, que tantas fiestas de mis abuelitos en la flor de sus vidas amenizaron con sus mambos y chachachás. No faltaron tampoco, claro está, las cuecas y tonadas en la voz de Violeta Parra acompañada de su progenie y de Víctor Jara.  Pero la fiesta patria para mi no habría estado completa de no haber sonado don Tito. Puse entonces su ópera prima, el disco homónimo Tito Fernández “el Temucano”. Desfilo primero la cara A del disco, cargada de ingeniosas canciones como aquel relato de un partido de fútbol jugado por animales de todo tipo llamada «Cero a Cero» y mi favorita de siempre, aquella epopeya romántica y social llamada «La madre del cordero». Se acabo la cara A, llegó el turno de darle la vuelta y fue en aquel preciso momento cuando llegó el clímax de la jornada. Empezaron a sonar los compases de «La casa nueva» cuando vi la cara de Poncho saltar de la alegría distendida a la emoción más profunda. Tras un sorbo de vino, vi brotar las primeras lágrimas cuando escuchó aquél bello estribillo de los viejos regocijados danzando un valsecito añejo: Déjame bailar contigo la alegría linda del último vals, amor, amor. Vamos a vivir unidos en este minuto nuestra eternidad, amor, amor. Déjame mirar tus ojos recordando tiempos que no volverán, amor, amor. Déjame saber es cierto que nadie nos quita la felicidad, amor, amor.
La canción es linda, sí. Emotiva también lo es, más aun cuando estamos en los tijerales de una casa, fruto de largos años de esfuerzos. Pero esta vez no era el caso y de allí que me quedase perplejo por el arrebato de sentimientos que se apoderaron de Poncho.
Ponchito, calculo ya de unos treinta y cinco años de edad, no había oído aquella canción desde sus casi diez años de edad. Todas aquellas veces que Ponchito había escuchado esta canción en su niñez, lo había hecho acompañado de su amado padre, que en paz descanse, quién adoraba oír aquella melodía con su hijo sentado sobre sus piernas, disfrutando de la eternidad de aquel instante. Después de oír su relato lo entendimos todo: por eso lloró Ponchito y por eso lloramos todos con él, imaginando aquella escena y recordando probablemente cada uno de los comensales los buenos momentos que junto a nuestros viejitos pasamos; instantes que sencillos pero a la vez intensos como los de la escena evocada, se nos grabaron en nuestras memorias. Agradecido como pocas veces he visto a persona alguna, Ponchito me abrazó afectuosamente y se desahogó contándome cuantos años y esfuerzos había invertido en intentar recordar el nombre de aquella canción. Inesperadamente y por arte de magia, probablemente invocada por obra y gracia del vino en aquella calurosa tarde madrileña, contemple y compartí regocijado aquel minuto vivido intensamente por Poncho como si fuese eterno. Pocas veces he podido presenciar de mejor manera lo que es un instante profundo de felicidad.  


[1] En chileno, poner esfuerzo.
[2] Traducción del chileno al español de Castilla La Mancha: “Vaya un consejo en serio ahora para el que quiera: hay que medirse para beber sin propasarse pues señor. Yo por ejemplo del estómago hasta el mentón hago seis litros y cuarto, sin envase”.
[3] Combinación de tomate, ajo, ají picante, cebolla y cilantro o perejil. En méxico algo parecido es el pico de gallo y en Colombia el ogado.

viernes, 14 de marzo de 2014

HERMENÉUTICAS DE LA CANTORA DE TONADAS.





Este ensayo originalmente fue publicado (con algunas correcciones de menos) en el Nº5 de "Cuadernos de Literatura Jurídica", de diciembre de 2011, de la Facultad de Ciencias Sociales y Jurídicas de la Universidad Autonoma Benito Juarez de Oaxaca, México.



HERMENÉUTICAS DE LA CANTORA DE TONADAS.
Me estremecieron mujeres
que la historia anotó entre laureles.
Y otras desconocidas, gigantes,
que no hay libro que las aguante

Introducción.
Siguiendo el tenor de los dos últimos versos de la estrofa escogida del tema “Mujeres” del cantautor cubano Silvio Rodríguez Domínguez, la preocupación de esta investigación se inscribe en la idea del rescate de una forma de feminidad latinoamericana que se desliga de los estudios tradicionales sobre personajes femeninos fuertes de este continente. Algunas de las constantes habituales en los estudios de la mujer hispanoamericana tienen que ver con la ascendencia de estas mujeres (normalmente aristocrático o altamente burgués), condición social y económica que decididamente les posibilita el espacio para la creación y para la consecuente autorrealización. Sin embargo, mi propósito aquí es abordar otro tipo de realización personal, otra posibilidad de habitar el cuerpo que, ciertamente, se condice mucho más con la realidad habitual de la mujer latinoamericana: la propuesta así introducida consiste en ir al rescate de unas cuantas “desconocidas gigantes”. Hablaré de la cantora popular de tonadas en Chile: una mujer nacida habitualmente en el campo, sometida a condiciones de menesterosidad social profundas. Estas dificiles condiciones tienen su origen en el escenario de pobreza propio de los peones de campo, habituados a trabajar duramente la tierra del patrón a cambio de lo estrictamente necesario para la subsistencia, situación que constituye un marco social desalentador que se ve agigantado todavía más por la situación de un intensificado patriarcado del campesinado, en el cual el hombre permanece atado de manera fuerte a las costumbres sociales machistas, ofreciendo una resistencia mucho mayor al cambio de perspectiva en este pensamiento y mostrándose consecuentemente mucho más duro en el trato hacia el género femenino, no solo compuesto por el habitual repertorio de violencia activa, sino que inclusive compuesto por una especial indiferencia carente de la más mínima dosis de afectividad en muchos casos. 
Distinto de lo que podría pensarse, está mujer, que padece este desdichado marco existencial, no se doblega y hace frente a la vida: creciendo con gran esfuerzo a sus habitualmente numerosos hijos y encargándose además de todas las labores domésticas (que en el campo crecen exponencialmente). Lo significativo es que, aún considerados los inconvenientes reseñados y el arduo trabajo que tiene esta mujer por delante para enfrentar esos inconvenientes, logra conquistar un espacio propio, transformando su espacio doméstico en un espacio para la creación de las manifestaciones del canto de la tonada y también de la creación artesanal de manualidades. Todas estas expresiones creadoras en ningún caso representan un mero pasatiempo, pues se verá que, en muchos casos, aquel canto cumplirá un importante rol en esta sociedad agraria, que dará paso a que la cantora se sobreponga de su habitual rincón privado para adquirir una protagónica presencia en el espacio público, sin olvidar que además sus creaciones artesanales y su canto serán también un importante medio de subsistencia económica para estos hogares. Aunque sobretodo, será la creación artística a nivel espiritual un arte mayor: constituirá el calor confortante y la luz en medio de las tinieblas ante el frío profundo que le invade producto de esta menesterosidad existencial, representando esta metáfora del frío y el abrigo una característica existencial de esta mujer, situación que va desde las más anónimas cantoras hasta la más ilustre de todas, Violeta Parra, quien incluso, abandonado el mundo campesino de su niñez y abiertas sus alas al mundo, no dejo, sin embargo, la fuerza vital de la cantora campesina y su particular manera de hacer frente al mundo y  de concebir su creación artística como el remedio a sus tormentos. De hecho decía la Violeta (y será aplicable esto a las demás cantoras): “Es terrible la vida, pero por suerte tengo la costumbre de curar yo misma mis heridas”[1]
La tonada: el cuarto propio y refugio de la cantora campesina chilena.
Nos dice Margot Loyola, quizás la más importante investigadora de la música folkloirca chilena que si hay un género musical por antonomasia chileno, ese ha de ser la tonada. Expresión musical nacida en el Chile profundo, en el campo, la tonada tiene una maravillosa particularidad, en cuanto a ser un arte que originalmente fue desarrollado casi por completo por la mujer. Por eso mismo es que cualquier estudio serio que tenga por objeto descifrar lo que es la tonada, ha de partir por el estudio serio de la memoria viva de quienes han sido las cultoras de este arte, es decir, las cantoras. Eso fue precisamente lo que hizo Loyola en su obra La Tonada: memorias para el futuro. Este ensayo, en cambio, propone un giro a la inversa: hacer un estudio hermenéutico de la mujer cantora desde la tonada para de aquella manera desentrañar hasta que punto esta expresión artística consolida una determinada manera de ser y estar en el mundo: “La tonada así suple la función de dar a luz aspectos de la identidad, la construcción de clases sociales y modos de supervivencia que no pueden aportar los textos de la historia oficial”[2].  
Hecha tal precisión, conviene entonces comenzar por el modo de aprendizaje mismo de la tonada, el cual principia inclusive desde antes del nacimiento biológico de la persona de la cantora: “penetró en mi lentamente desde el vientre de mi madre, porque ella también la cantaba para llenar sus soledades”[3] confiesa Margot Loyola, a su vez que el canto y también las destrezas en la creación artesanal de manualidades resultan ser expresiones aprendidas de generación en generación, de la abuela a la nieta, de la madre a la hija, etc., “así lo atestiguan muchas cantoras cuando nos dicen ´aprendí de mi mamita` o ´aprendí de una señora antigua`, o también ´una hermana mayor me enseño y con otra hermana cantábamos a tres guitarras`”[4].  Estos testimonios evidencian un profundo sentido de sororiedad generacional. Pero, ¿Por qué esta solidaridad eminentemente femenina para la enseñanza del canto de generación en generación? La respuesta quizás esta en las motivaciones variopintas que conducen a la cantora a buscar refugio en la tonada: “para que no se vaya lo de antes, para recordar los antepasados, para seguir viviendo en la tonada (…) También son muchas las mujeres que han combatido su soledad, la pena de una vida de incomprensiones o de una existencia insatisfecha cantando tonadas”[5]. Sin duda alguna, la condición de menesterosidad social aunada a un patriarcado intenso del campesinado, ambas situaciones explicitadas en la introducción, contribuyen decididamente a esta sororiedad. 
De todas maneras, y en razón de los testimonios de vida que conozco, me inclino a pensar que normalmente no es una u otra motivación por si solas las que inciden en esta enseñanza, sino que más bien serían todas las anteriores e inclusive otras más que probablemente confluyen unidas para dar voz a la cantora. Por una parte, es cierto que un país de características perdidamente insulares como es Chile, que limita hacia el oeste por el océano pacífico, al este con la cordillera de los andes,  con el desierto de Atacama hacia el norte, con el mismísimo fin del mundo hacia el sur y que mas encima limita "al centro de la injusticia" como canta la Violeta; obligo a que la tonada se asentase por largo tiempo unicamente por medio de la tradición oral, en un entorno campesino premoderno. Pero la globalización llega todas partes y pese ello, esta tradición persevera en existir.  El milagro de la pervivencia de este arte pese a los enormes cambios globales convierte a la tonada en un tesoro cutural sustancial pues más allá de una estética constituye un tejido identitario sustancial hasta el día de hoy para sus cultoras. Por otra parte, pienso en la otra motivación referida a la existencia desdichada, y me propongo enmendar en cierta medida  mis palabras reformulando una hipótesis: he señalado en la introducción que, a pesar del marco existencial complejo, las cantoras encontraban el espacio para el desarrollo de esta manifestación artística. Creo que en lugar de aquel "a pesar" formulado gramaticalmente, más bien cabría un "por causa" de en vista de algunos elementos presentes en la tonada. Sustentaré esta posición en base a la temática misma de la tonada y también en base a algunos de los testimonios de vida de algunas cantoras.  Así, analizaré primero que sucede en las temáticas que abundan en la tonada: “lo amatorio aparece con fuerza arrolladora (…) pero se trata de un amor de carácter desengañado; no hay alegría en el amor, ni hay correspondencia, sino traición, ausencia, frustración, a la que no siempre se responde con resignación”[6]. Analizado este aspecto de manera inmejorable por Margot Loyola, veamos pues el fragmento de una tonada que Doña Francisca González le regalase a la investigadora a la orilla de un camino: 
Yo tuve una nave mía/ de mi lado se me fue/ todos los días la siento/ la siento y la lloraré/ Que llanto tan insensible/ que martirio tan penoso/ todo el mundo está regado/ de agua que derraman mis ojos/ De agua que derraman mis ojos/ estoy fabricando un  mar/ donde lloro noche y día/ cuando no te puedo hablar. 
Ningún asomo de alegría aparece en estas décimas, “el dolor había sido implacable con ella[7].
Y es así como pasamos al testimonio de esta cantora: su hijo había muerto de una tuberculosis agravada por la falta de comida, e inclusive había dejado de cantar porque su guitarra la vendió un día para comprar harina. Los dolores suman y siguen a continuación en el  testimonio de Doña Juana Chávez: “tengo siete hijos y no sé lo que es un beso”, en alusión a la absoluta falta de cariño de parte de su marido[8].
Pese a este primer asomo motivacional de la tonada, el refugio del canto ha logrado ir más allá de ser solo un antídoto a los lamentos privados de estas mujeres, resultando injusto ponderar a la tonada solo por esta potencialidad, puesto que además ha cumplido un gravitante rol social, haciendo que esta mujer, habitualmente enclaustrada en su espacio familiar, tenga presencia y repercusión en el espacio público. Cantando arriba de la parva animando a los trabajadores de la trilla, amenizando en los rodeos, mingacos o vendimias, o canalizando la tristeza por la muerte de un infante en los velorios de angelitos, la cantora adquiere protagonismo en su entorno social y en la vida pública de este, guiada por su intrínseco sentimiento de sororiedad y más que ello de solidaridad, pues esta función efectivamente nace de una solidaridad propiamente femenina, pero que va hacia toda su comunidad sin distinción de género[9].  

Violeta Parra y sus claroscuros.
Llegados a este punto se podría llegar a pensar que estos conceptos tan solo sirven para dibujar los aspectos de lo que es la tonada campesina, fundamentalmente por la particularidad de la vida de sus cultoras y en cambio, inútiles para conceptualizar la tonada popular de artistas consagradas. Pero sería un grueso error pensar así pues, al parecer, en cualquier circunstancia y sin distinción entre las desconocidas gigantes y aquellas que la historia anotó entre laureles, la tonada ha servido siempre como la vía de escape a la angustia existencial de la cantora. Pensemos por ejemplo Violeta Parra. La cantora más importante de Chile y una figura a nivel mundial no distaba mucho de estas mujeres. De hecho, pese a que alcanzó la fama dentro y fuera de su tierra, tuvo también el mismo origen humilde de las demás cantoras. Nacida también en el campo, en el seno de una familia humilde y numerosa, de pequeña aprendió el canto andando de camino en camino junto a su guitarra y su hermana Hilda Parra, tocando en donde le dejarán con el fin de juntar algunas monedas que le ayudasen a sobrevivir.  Su carrera artística la hizo lejos del campo, pero solo  físicamente, pues el campo y su forma de ser cantora estuvo siempre muy apegada a aquella tradición carente de conocimientos técnicos de música, forjada únicamente a punta de tradición oral y pasión por el canto, distinto al caso de su comadre Margot Loyola, que no obstante albergar una infinita pasión por la música popular, recibió educación musical técnica y amalgamó aquel aprendizaje en el canto lírico con el cante de la tonada.
 Quizás fue aquel impulso el que hizo que Violeta Parra no solo se ocupase de recopilar las tonadas tradicionales del campo (labor en la que junto a Margot Loyola han sido las más importantes figuras) sino que se dedicará a la composición de sus propias canciones, haciendo crecer a la tonada en posibilidades en, a lo menos, un doble sentido, pues,  
a)    en primer lugar, la angustia existencial de Violeta Parra se abrió a mayores posibilidades temáticas, pues precisamente mayores eran sus tormentos al horrorizarse con la óptica obtenida al dirigir la mirada al país desde la distancia suficiente para valorarle con cierto extrañamiento y objetividad (dentro de la subjetividad que supone el mirar con el amor y la nostalgia siempre a flor de piel por la patria lejana). Como consecuencia de aquel aprendizaje la tonada dejo de ser simplemente la expresión de sentimientos amorosos desengañados (que los siguieron habiendo y ¡de qué manera! con esta cantautora como veremos) para también hacerse con temáticas de denuncia social. Canciones como La Carta, Arauco tiene una pena o Al centro de la injusticia son fiel reflejo de esta nueva impronta que de alguna manera en su tonada Cantores que reflexionan justifica: 
 
Y su conciencia dijo al fin/ "cántale al hombre en su dolor/ en su miseria y su sudor/ y en su motivo de existir."/ Cuando del fondo de su ser/ entendimiento así le habló/ un vino nuevo le endulzó/ las amarguras de su hiel./ Hoy es su canto un azadón/ que le abre surcos al vivir/ a la justicia en su raíz/ y a los raudales de su voz/ En su divina comprensión/ luces brotaban del cantor. 
Esta expansión temática fue desiciva para el nacimiento de lo que se conocería como la Nueva Canción Chilena que hizo una suerte de movimiento de ida y vuelta del folklore tradicional: se dirigió a sus raíces para alimentarse de el, de su tradición oral, de su apego a la tierra y de la estética musical tradicional, pero de vuelta en el sentido de que “dejo de ser expresión anónima para en cambio ser una completa reformulación al tener un autor determinado, intentar interpretar al pueblo y valerse de los medios de comunicación para su divulgación”[10]
b)    En segundo lugar, otra revolución que supuso Violeta Parra en la tonada fue respecto a su riqueza estética. A modo de ejemplo, Alberto Letelier, quien fuera Director de la Revista Musical Chilena señalo respecto de El Gavilán, una de las composiciones más emblemáticas de la hermana de Nicanor Parra, lo siguiente: 
Es un rondó primitivo para voz y guitarra de clima altamente dramático, introducido por el uso de un texto en que ciertas palabras tiene alterado el orden de sus silabas de tal forma que se deshacen en sonido ininteligibles, pero convirtiéndose en un factor de artístico importante, en un franco impresionismo (Gavi, gavi, gavi, gavi, gavi/ Gavilán gavilán/ menti, menti, mentiroso). Frases que repetidas casi sin variación forman periodos que se repiten o alternan para dar la idea de un rondó[11].
No obstante estas innovaciones, la angustia existencial de Violeta Parra, si bien creció en cuanto a su objeto (y con ello, las temáticas de su canto) y en recursos estéticos, no vulnero sustancialmente las temáticas de su producción que igualmente se mantuvo sustancialmente atada a los desengaños amorosos sufridos, marcando así las coordenadas de su cancionero. La jardinera, Maldigo en el alto cielo, Run Run se fue pal´ Norte, por mencionar solo algunas, atestiguan esta situación de una Violeta Parra apasionada que terminó sus últimos años sufriendo por la serpenteante relación sentimental extramarital que mantuvo con Gilbert Favre. Nuevamente, El Gavilán sirve para ilustrar este último aspecto reseñado
Concebido por Violeta como Ballet en un momento de profunda crisis sentimental,   es quizás la expresión más ajustada del drama que sufrió tantas veces en su relación amorosa y donde el hombre (amor, amante, enamorado), cual ave de rapiña, le persigue para comerle las entrañas, que es como decir para esterilizarla en su capacidad de amar o de crear[12].
 
Y es que su capacidad de amar y de crear siempre tan prolífica, que fue tantas veces la cura momentánea a sus dolores, hacia el final de sus días resulto sencillamente insuficiente para salvar a una Violeta umbría por la pena que acabaría cometiendo suicidio. “la belleza y la perfección solo se encuentran en el arte, nada más que allí hay permanencia. Es el arte el que hace olvidar la fuga de la vida”[13] le aconsejo muchas veces su comadre Margot Loyola, pero las fuerzas  abandonaron a Violeta Parra, y aquella luz y calor del amor, a la luz y abrigo de la creación artística, solo conjuraron una neutralización transitoria al ámbito oscuro de enunciación de la cantora, caracterizado en el ámbito privado por la sempiterna presencia del frío anidada en las cartas de amor dirigidas a su gringo Gilbert Favre. Tal presencia del frío en el texto y su consecutiva reiteración carta tras carta, intensificada cada vez más haciendo frente a su némesis calor/amor (de los seres humanos o de su creación artística) fue la antesala de lo que esta metáfora preludiaba: la muerte por aquella ausencia de amor[14], que no obstante supo recoger en sus últimas y más celebradas composiciones -Gracias a la vida y Volver a los 17- el sentido agradecimiento a todo aquello que simbolizó el abrigo en su vida

Conclusiones.
He querido finalizar este trazado dirigiendo mi mirada al proceso creador de Violeta Parra, pues ella, no obstante el tamaño que alcanzo su figura, no disolvió jamás su identificación con el alma campesina de su cultura. Y es que la cultura de la cantora tiene una riqueza enorme, es una verdadera expresión nacida de la mujer, con una larga tradición y que, más que eso, constituye como he dicho insistentemente un modo de ser y estar en el mundo. La tonada le ha salvado la vida a estas mujeres y más que eso les ha brindado un modo de vivir que les ha dado voz en un espacio en el que, esta mujer de cuerpo doblemente deshabitado probablemente no la tendría. Violeta Parra sabía bien eso y por eso dedico su vida a revitalizar su folklore: mediante la recopilación y la retransmisión de sus productos artísticos y por sobre todo con la creación de formas artísticas que contengan una verdad que es el espíritu de esa cultura. “el nuevo público necesita esta verdad creada, porque el mundo tiene pena y esta más confuso que yo misma” le confesaba Violeta Parra en carta a su amado gringo [15]. Mas el rol de Violeta Parra partió de una dolorosa pero cierta premisa: 
Su proyecto no puede desarrollarse sin que las formas artísticas productoras de esta verdad se impregnen de soterrados tonos funerarios, necesarios e inevitables por lo demás, que surgen del hecho histórico constatado por ella misma: que la tradición como fuente de los valores que alimentan la verdad artística tiene su horizonte clausurado y se ha convertido en “casi ya un cadáver”. Por eso la “tristeza” no puede ser desalojada de las formas artísticas[16]
Ya desde mediados del Siglo xx,  Violeta Parra y Margot Loyola, grandes artistas de aquel tiempo, veían venir con el inevitable arribo de la modernidad, vanguardias e incipiente globalización, la muerte del mundo rural como era conocido incluyendo con ella, claro está, la muerte de sus tradiciones. Por ello, la Nueva Canción Chilena y lo que hoy conocemos como tonada son dos expresiones que en si se distinguen de la tradición de la tonada más pura recopilada por Margot Loyola en su obra citada. Aquellos testimonios pertenecen a un grupo de mujeres que poco a poco dejan de existir, así como el mundo social en el que se desarrollaron. Mas, me quedo con la coda del título que Margot ha dado a su obra (memorias para el futuro), pues estas mujeres cantoras, si bien en vías de extinción, han dejado una experiencia de vida que amalgamada a la nuevas expresiones artísticas y a la semillas que la misma Margot Loyola y su comadre Violeta Parra sembraron, bien pueden servir para seguir redefiniendo un arte (como lo hizo configurando aquello que conocemos como Nueva Canción Chilena), y más que eso, para colaborar con su enseñanza en la configuración de las identidades propias de la mujer chilena de los tiempos que corren, en cuanto ha hacerles conscientes y orgullosas de tener verdaderos ejemplos, anónimos y conocidos, de como las desventajas pueden ser doblegadas al punto de adquirir una fuerte significación y vitalidad en el espacio comunitario.



Bibliografía
Fernando Barraza, La nueva generación chilena, Santiago de Chile, Ediciones Quimantú, Colección nosotros los chilenos, 1972.
Alfonso Letelier, “In memoriam Violeta Parra”,  Revista Musical Chilena 100 (Abril-Junio 1969).
Margot Loyola, La tonada: Memorias para el futuro Valparaíso, Chile, Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, 2006.
Leónidas Morales, Carta de amor y sujeto femenino en Chile, siglos XIX y XX, Santiago de Chile, Editorial Cuarto Propio, 2003
Carmen Oviedo, Mentira todo lo cierto: tras la huella de Violeta Parra, Santiago de Chile, Editorial Universitaria de Chile, 1990.
Carolina Robertson, “Prólogo”, en Margot Loyola, La tonada: Memorias para el futuro, Valparaíso, Chile, Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, 2006, págs. 18-22.





[1] Carmen Oviedo, Mentira todo lo cierto: tras la huella de Violeta Parra, Santiago de Chile, Editorial Universitaria de Chile, 1990, pág. 80
[2] Carolina Robertson, “Prólogo”, en Margot Loyola, La tonada: Memorias para el futuro, Valparaíso, Chile, Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, 2006, pág. 19.
[3] Margot Loyola, La tonada: Memorias para el futuro Valparaíso, Chile, Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, 2006, Pág. 23.
[4] M. Loyola, La tonada, Pág. 28.
[5] M. Loyola, La tonada, Pág. 28.
[6] M. Loyola, La tonada, Pág. 104.
[7] M. Loyola, La tonada, Págs. 38-39.
[8] M. Loyola, La tonada, Pág. 41.
[9] M. Loyola, La tonada, Págs. 32-33.
[10] Fernando Barraza, La nueva generación chilena, Santiago de Chile, Ediciones Quimantú, Colección nosotros los chilenos, 1972, pág.33.
[11] Alfonso Letelier, “In memoriam Violeta Parra”,  Revista Musical Chilena 100 (Abril-Junio 1969), pág. 111.
[12] C. Oviedo, Mentira todo lo cierto, págs. 75-76.
[13] C. Oviedo, Mentira todo lo cierto, pág. 62.
[14] Leónidas Morales, Carta de amor y sujeto femenino en Chile, siglos XIX y XX, Santiago de Chile, Editorial Cuarto Propio, 2003, págs. 84-85.
[15] L. Morales, Carta de amor, pág. 70.
[16] L. Morales, Carta de amor, pág. 71.